Un café largo, humeante. Un par de sillas. Nos ponemos al día. Me cuenta. Escucho. Anoto. Se fija. Intervienen sus palabras de ánimo. Interviene mi caparazón y hace mofa de todo. Se desnuda ante mí. Veo cicatrices en sus palabras. Sigo anotando. Sigo captando datos para escribir un día. A veces me pregunto si estoy avanzando o retrocediendo. Una vez recolectada la cosecha, se hace el balance…. vino bueno, malo, mosto y aguachirri…pero sobre todo, adorable cerveza.