Ella era una princesa. Tenía todos los defectos que no soporto. En su vida de cristal todo era transparente y claro. Los días prometían. La noches se ponían interesantes, hasta que una conversación telefónica le cambió la vida, hasta que la amistad se transformó en algo más, hasta que las paredes de cristal fueron creando pequeñas membranas donde ya nada era transparente, todo era opaco y la luz entraba débil. Ella bajó su mirada, se miró a los pies diminutos y se puso triste. Una conversación a medias la dejó helada. Como un jarro de agua cristalina con cubitos de hielo. Sintió como si algo estuviera cambiando muy deprisa y ella estuviera descolgándose. Quería que las cosas cambiasen pero lo hacía mal. Sigue insistiendo y lo sigue haciendo mal. Antepone secretos a la libertad y se zancadillea ella sola. Se tropieza, se cae. Con su misma sangre tiñe el resto de paredes. No ve el final. No lo logra desterrar de su memoria y cae. Si la conversación hubiera empezado…si la conversación hubiera tenido una explicación…si las cosas fueran diferentes…ella seguiría en su mundo de cristal idealizado.
Posteado por: tiempodepalabras | Mayo 29, 2007
Princesa
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